¿Formación o encerrona?

He asistido a muchas formaciones y espero poder asistir a muchas más de forma voluntaria. Ahora también las imparto e intento que lo que voy a explicar no pase en ellas. Se trata de tener claro de qué es la formación y qué se le va a pedir a los asistentes.

Puede que así dicho parezca de sentido común, pero lamento tener que decir que no lo es. Este artículo nace de las muchas experiencias que me han llegado a explicar muchísimas personas (no estoy exagerando) y de más de una vivida en primera persona. Formaciones o talleres de obligada asistencia por motivos laborales, generalmente.

En general, la persona o personas que eligen una formación creen en ella y saben una parte de lo que en ella se va a decir o hacer. Esa parte de conocimiento puede variar, pero por lo menos, suelen tener claro de qué va la formación y por eso deciden contratarla o realizarla.

Esto muchas veces no pasa con el resto de los asistentes a la formación. No disponen de esta información y, sino van a ciegas, les falta muy poco.

En muchas ocasiones, todo esto puede hasta entenderse y venderse que es para que la formación tenga un mayor impacto en los asistentes. Puede ser, y en algunos casos es así. Pero, por otro lado, está algo que va ligado a forma de presentar la formación: los asistentes no tienen ni la más mínima idea de lo que se les pedirá en ella.

Vuelvo a decir que a veces es buscado por la misma formación, pero aquí ya discrepo bastante. Hay que tener claro dos cosas: el objetivo de la formación y el por qué asisten esas personas a la misma.

El objetivo es clave y debe ser conocido por todos. Conocerlo, puede dar pistas sobre lo que tendrán que realizar en ella, algo básico para el éxito de la formación.

Pero para mi la segunda es la más importante. ¿Por qué están allí? ¿Están obligados o de forma voluntaria? Si es la segunda, lo anteriormente nombrado es importante y normalmente las personas procuramos conocer esa información. Si es la segunda… puede que no hayas tenido ni la opción de poder informarte.

En estos casos la persona formadora debe saberlo y no puede ni debe hacer según qué. Me refiero a sesiones de formación que acaban pareciendo sesiones de terapia o a otras en las que se trabajan con metodologías, técnicas y creencias que muchas personas ponen en duda y de repente se ven obligadas a participar en ellas.

Esto no puede ser y atenta, claramente, a la libertad individual de las personas. Deben tenerlo en cuenta los que contratan la formación pero también los formadores que la realizan. Ambas partes son culpables cuando algo así pasa y no es el objetivo ni todos saben que eso puede pasar.

Además, pienso que es contraproducente para la propia formación ya que los que se encuentran en esa encerrona (palabra que me han utilizado en más de una explicación) dejan de valorar el resto de la formación. Normal, la experiencia negativa pesa.

Cambiemos las cosas a mejor.

Daniel Barreña

Coach deportivo, educativo y de desarrollo personal

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